Cómo conseguir validación interna
10 agosto, 2020
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El mayor obstáculo en las relaciones sociales, sobre todo con mujeres, es la falta de validación interna. La inmensa mayoría de personas considera, inconscientemente, que su valor depende de factores externos: de una cierta apariencia o de posesiones materiales, de las opiniones de los demás, de su atención…

Eso les convierte en personas reactivas, que modifican sus percepciones, sus emociones y sus acciones en función de los demás. Cuanto más fuerte sea la validación interna, menos reactivos somos, porque la percepción que tenemos de nuestro valor está fundamentada principalmente en algo interno.

Este proceso es largo, requiere mucho autoconocimiento y no hay un camino establecido para llegar a tal estado. Lo que sí me atrevo a dibujar son tres recomendaciones:

  1. No te compares con nadie. La mejor metáfora para comprender esto es la metáfora del árbol: tu historia es la historia de una semilla que cayó arbitrariamente en un pedazo de tierra. Tu objetivo debe ser crecer tanto como puedas en la dirección que tengas disponible. Observa un árbol y aprenderás esto. Un árbol no puede compararse con otro sencillamente porque no son el mismo árbol. Cada uno es de una especie, tiene un entorno distinto y se enfrenta a cosas distintas. El valor de cada árbol depende de su empeño en crecer tanto como pueda en la dirección que tenga disponible; no depende de cómo crezcan otros árboles. Esto nos lleva el segundo punto.
  2. Céntrate en mejorar. Lleva la metáfora del árbol a tu propia vida. ¿En qué áreas estás estrellándote contra un muro porque te empeñas en conseguir algo contrario a tu naturaleza? Cuando una de las ramas de un árbol se topa con un muro, no intenta atravesarlo, sino que crece a su alrededor, intenta rodear o escalar el muro, o deja de crecer en esa dirección y concentra sus recursos en la otra. Pregúntate: ¿Cómo puedo ser mejor que ayer? Visualiza el árbol, analízate como si fueras un árbol, y tendrás las respuestas.
  3. Enfócate en tus logros. Lo más habitual es que demos más importancia a nuestros errores y fracasos que a nuestros logros. La euforia dura un par de días y luego dejamos de reconocerlos y sentirnos orgullosos. Ten siempre presentes tus logros porque son inamovibles, son pruebas vivientes de lo que eres capaz y no dependen de nada más que tu propia validación. Repasa tus logros a diario.

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