La diversidad explicada a los niños
6 agosto, 2019
Diversidad explicada a los niños

¿Cuánta diversidad es necesaria?

Ante esta pregunta únicamente hay dos respuestas: cuanta más, mejor, o diversidad ¿de qué?

La primera corresponde a la tendencia del cerebro humano medio a hipostasiar conceptos para poder manejarse con reglas sencillas del tipo la diversidad es buena, la igualdad es buena, la libertad es buena… La segunda presupone que las realidades siempre son más complejas y un entendimiento correcto supone tener en cuenta el sistema en que se emplaza el concepto.

Si tratamos de hallar la variedad de té con mayor concentración de antioxidantes, buscaremos la mayor diversidad, porque solo necesitamos un ejemplar exitoso para replicarlo. Y una vez esto conseguido, nuestra ingesta de té será lo menos variada posible, puesto que tenemos un criterio claro: cuanto más antioxidante, mejor.

Cuando estos conceptos se descontextualizan, adquieren un uso cada vez más connotativo. Bajo el flujo de conceptos y su sintaxis, las palabras tienen un impacto emocional. Evita las palabras prohibidas, abusa de las palabras que suenan bien, y nadie va a exigirte un discurso lógico.

Además, podrás emplear estas palabras como lo que son: armas.

Posesión y línea de triple

Imaginemos que la RFEF plantease introducir un contador para limitar la posesión del equipo atacante, tal y como ocurre en baloncesto. En principio, esta regla es neutral porque la posesión estaría limitada a los mismos segundos para todos los equipos: igualdad de condiciones.

En la práctica, la regla favorece a los equipos que actualmente basan su juego en armar ataques más rápidos. Sergio Busquets lo ilustró de otra manera: si la línea de triple se situase un metro más lejos, esto favorecería a los equipos con mejores tiradores y penalizaría a los que equipos con mejor juego interior.

La versión de andar por casa de la historia de la Revolución Francesa nos enseña que aquella gesta consiguió abolir el sistema estamental, o lo que es lo mismo: se establecieron unas nuevas reglas de juego iguales para todos. De nuevo, sabemos quiénes partían con ventaja gracias a esas nuevas reglas neutrales.

Esta es la vieja estrategia de plantear modelos políticos abstractos, que en sus fábulas aparentan ser neutrales, obviando que la realidad seguirá presente cuando el modelo se aplique.

Es así como las grandes ideas terminan significando su contrario: incapaces de estar a la altura de la fantasía prometida, deben retorcerse para acabar siendo irreconocibles. Esto tiene la ventaja de que permite contar entre tus seguidores a verdaderos fanáticos que seguirán respaldando estas ideas impliquen lo que impliquen.

Censura inversa

Una de las consecuencias de esta incompatibilidad con lo real es la censura. Cuando todo falla, siempre queda el recurso de culpar a los disidentes. Hay demasiados intolerantes.

El proceso comienza con la condena pública y los minutos de silencio. Es evidente que esta costumbre no sirve absolutamente para nada más que para contar cómodamente con la aprobación del grupo o para afianzar mecanismos de control del mismo. Y cuando el apoyo a cada una de estas manifestaciones sea masivo y aún así el problema en cuestión no se solucione, lo único que resta es convertirlas en obligatorias.

¿Quién cree en la diversidad?

Tontos, inseguros y arribistas.

Los primeros solo pueden operar con instrucciones sencillas y lógica lineal, por lo que los lemas del tipo la diversidad es buena les son perfectos.

Los inseguros forman el grueso de los seguidores de ideas. Una parte de ellos sencillamente busca aprobación: ya que cada uno de nosotros es insignificante en la sociedad de masas, destacar y ser apreciado por nuestro valor personal es cada vez más difícil. Si uno vuelca su discurso en complacer a los demás, puede revertir esta desventaja.

Otro motivo de inseguridad consiste en nuestros propios defectos. En lugar de corregirlos y aspirar a la virtud, podemos respaldar un discurso que nos convenza de que son los demás quienes están equivocados, y nuestros defectos no son tales. Pero en el fondo esta realidad es tan obvia que hace falta un gran grupo que repita con convicción estas ideas. No juzgamos a los demás y a cambio pedimos que no nos juzguen, para continuar sin remordimientos por el ilusorio camino de la mediocridad.

Los arribistas pronto se dan cuenta de que pueden movilizar a los seguidores de estas ideas contra sus propios objetivos. Convencen a la masa de que para lograr X (inserte aquí su palabra favorita) deben destruir Y. Cuando esto no arroje los resultados esperados, solo tienen que cambiar la zanahoria.

La diversidad es un arma

La diversidad es un arma que todos ellos emplean para sus propios fines. Dicho de otra forma: a quienes defienden, proponen y promulgan la diversidad en realidad esta no les preocupa. Líderes y seguidores tienen cada uno sus intereses más o menos conscientes.

¿Cómo hasta un niño de 5 años puede darse cuenta de esto?

Para empezar, parece ser que solo deberían ser diversas las sociedades occidentales. Nadie propone que Nigeria acoja a una comunidad de coreanos y argentinos, o que el Nepal se enriquezca con una sólida aportación de cristianos. Pero, en cambio, todo el mundo debería ser bienvenido a España, Alemania o Estados Unidos.

Esto de hecho amenaza con hacer del mundo un lugar menos diverso. El guatemalteco (por ejemplo) debe ser acogido, y si a alguien se le ocurre exigir requisitos de entrada o forzar mecanismos de integración para asegurarse de mantener una composición étnica estable que permita continuar con el estilo de vida propio del país, se le acusa de racista. Y cuando este país deje de ser lo que era para convertirse en lo que traigamos de fuera, el guatemalteco (por ejemplo) podrá elegir entre quedarse o volver a Guatemala, pero los nativos del país de acogida no tendrán adonde volver.

Dicho en términos sencillos: la defensa de la diversidad exige la defensa de las fronteras nacionales, para que cada grupo, con su carga étnica y cultural única y valiosa, pueda desarrollar su estilo de vida propio sin injerencias. Defender la diversidad y la apertura de fronteras queda bonito sobre el papel, pero de facto destruye la diversidad.

La diversidad, tal y como se emplea en el discurso político actual, es un arma, y no hace falta ser conspiranoico para comprenderlo: da votos y da dinero.

1 Comentario

  1. Pedro Gómez Nova

    Nunca lo habia visto de esa manera, y es paradójico que defender la diversidad signifique la destrucción de ella misma.
    ¿y entonces significa que si la defiendo seria a la vez incoherente?
    Intersante lectura

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