Ley de Parkinson (o por qué eres capaz de mucho más de lo que crees)
11 agosto, 2020
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La Ley de Parkinson nos enseña lo siguiente:

Cuando establecemos un plazo para completar una tarea, tendemos a agotar ese plazo.

Por ejemplo, si nos dan 21 días para entregar un informe, seguramente lo entregaremos el último día. Probablemente cuando estudiabas hacías lo mismo.

Reflexionemos un poco para saber por qué ocurre esto:

Nuestro cerebro es el órgano que proporcionalmente más energía consume. Es una máquina maravillosa. Pero ese consumo de energía está muy controlado.

Generalmente, para todo lo que tenga que ver con nuestras necesidades básicas, nuestro cerebro tendrá energía disponible: sobrevivir, reproducirse, nutrirse.

Para cualquier otra cosa, nuestro cerebro utilizará un truco que evolutivamente tiene mucho sentido: la pereza. La pereza es la forma en que tu mente te dice que no vale la pena invertir energía en algo.

La cuestión es que el mundo de hoy es bastante más complejo de lo que solía ser. Para conseguir comida, en lugar de perseguir animales por la jungla o escalar árboles, nos sentamos durante 8 horas delante de un cristal iluminado. Tu cerebro te dará mucha energía para lo primero, pero no entiende la utilidad de lo segundo.

Por tanto, aunque tú puedas comprender racionalmente que tienes que entregar un informe en 21 días, y que lo inteligente es empezar cuanto antes y distribuir los esfuerzos, contando con márgenes de tiempo… vas a tener que luchar contra la naturaleza de tu cerebro.

Tu cerebro solo va a reaccionar cuando perciba peligro. Cuando empieces a estresarte porque la fecha final se acerca, ese peligro activará tu cerebro y vencerás la pereza. Los seres humanos somos así, nos motiva más el miedo a perder algo que la posibilidad de ganarlo.

Si no conoces este mecanismo, tenderás a pensar que eres una persona muy productiva, en lugar de darte cuenta de que el 80% del tiempo solo estás operando a muy bajo ritmo, y que realmente haces el trabajo duro al final.

Y lo que es peor: tienes expectativas poco realistas sobre el tiempo que toma hacer las cosas. En mi caso, he podido publicar un libro corto en solo 24 horas; también escribí y publiqué un libro más largo (150-200 páginas) en 14 días. De no haber sabido cómo funcionaba mi cerebro, habría pensado que era imposible.

La cruda realidad es que nuestros objetivos anuales pueden ser conseguidos en 3 meses. Nuestras metas diarias pueden conseguirse en un par de horas. Tendríamos tiempo libre o una productividad extrema…

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Si quieres evitar esta trampa, ya sabes lo que debes hacer: tienes que establecer sistemas que te obliguen a trabajar al máximo de tu capacidad desde el principio. Esencialmente, el método es dividir la meta en submetas, establecer las fechas en las que vas a lograr esos hitos, y establecer algún tipo de castigo real que vas a sufrir si no cumples. En este libro explico cómo utilicé multas monetarias para motivarme a ser más productivo.

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