No te limites con tu Autoimagen
13 junio, 2021
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Cuántas veces habrás escuchado frases del estilo de:

  • Yo es que soy así, no puedo cambiar,
  • Yo soy así de patoso, vergonzoso, miedoso, tímido, con poca voluntad (y cualquier adjetivo que se te ocurra)
  • Déjame, yo soy así
  • No tengo remedio
  • Qué mala suerte tengo, siempre yo
  • Yo no puedo porque soy así

¿Sabes qué tienen en común? Que son excusas, todas ellas: en la forma pueden ser diferentes pero en el fondo son excusas.

Son excusas que te pones a ti mismo para no cambiar, para evitar el esfuerzo, para quitarte responsabilidad, para quitarte la terrible carga de tu ser. Entonces, te apegas a una creencia para justificar tu incapacidad para esforzarte y cambiar. Son excusas que te pones en base a tus creencias y estas moldean tu autoimagen.

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Tu autoimagen marca tus límites. Piensa en grande y obtendrás grandes cosas

El problema de las creencias no solo es que están profundamente arraigadas en tu subconsciente, y por ello son más difíciles de detectar, sino que son creadas en función de nuestro entorno, acciones y hábitos.

Según la psicología, no sabemos algo, sino que creemos saber algo, somos capaces de crear supersticiones, rituales y patrones a partir de sucesos que nos ocurren, con lo cual una acción la acabamos asociando con un sentimiento o patrón de conducta, y esto sucede de forma aleatoria. Si se repite en el tiempo, se acabará reforzando y creando una creencia, la cual asumimos como una realidad.

Hay un experimento con aves en que cada cierto tiempo, de forma cronológica, se les daba de comer. La gran mayoría de las aves acabaron asociando ciertos patrones a la salida de comida: muchas daban un salto o daban una vuelta en círculos, y si lo hacían una vez, podía ser casualidad que recibiesen la comida; si volvían a repetir la acción y volvía a salir comida, se daban cuenta de que tenían premio: se estaba reforzando la creencia. A partir de ahí, al querer más comida repetían el patrón y creaban una creencia. Como toda creencia, esta será válida hasta que se desmorone.

Te aseguro que una de las peores cosas que te pueden suceder es ver cómo tus creencias más arraigadas, y muchas veces los cimientos sobre los que construyes más creencias y parte de tu vida, se desmoronan, son completamente destruidas. En ese momento, te quedas sin sustento psicológico; de ahí que en muchas filosofías, sobre todo de Oriente, pongan mucho hincapié en que la felicidad está en el desapego: no hablo del desapego material, sino del desapego conductual, de sucesos y creencias.

Yo personalmente me he dado cuenta de que cuanto más apegado estaba a mis creencias, más discutía por ellas, más rabia me daba cuando las ponían en duda, más me irritaba cuando las criticaban… En cambio, cuando asumí que esa creencia puede ser perfectamente falsa o, más que falsa, móvil, es decir, no es inmutable y puede cambiar, evolucionar y transformarse… todo el sufrimiento desapareció.

Y eso es precisamente lo que uno mismo debe hacer, evolucionar, transformarse e ir cambiando.

Como decía Bruce Lee:

«Be water, my friend».

Si pones agua en una taza esta se adapta a la taza; si la pones en un jarrón esta se adapta al jarrón; si la pones en un vaso esta se adapta al vaso: el agua no deja de ser, pero en la forma se adapta a su entorno y en el fondo su ser permanecía intacto.

Quizás has podido quedar impactado con que sólo te pones excusas y lo fácil que es engañar a unas aves, y que quizás a nosotros también nos ocurre lo mismo y construimos ese tipo de patrones.

Tengo buenas noticias para ti. Es verdad que nosotros también podemos actuar como las aves, pero no deja de ser nuestra parte inconsciente; es con nuestra parte consciente, nuestra capacidad de análisis y raciocinio que podemos cambiar eso y trascender más allá.

En palabras de Aristóteles:

«La excelencia es un arte ganado a base de entrenamiento y hábito. No actuamos correctamente porque tengamos excelentes virtudes, sino que somos virtuosos porque actuamos correctamente. Somos lo que hacemos repetitivamente. La excelencia, entonces, no es un suceso sino un hábito»

La excelencia y el comportamiento virtuoso es algo que preocupó mucho a los antiguos filósofos, y todos ellos coincidían en que estos no vienen dados por la divinidad ni por la suerte ni porque cada uno sea virtuoso porque sí. Se construían en base a conocerse, analizarse y construir hábitos y costumbres potenciadoras para nosotros mismos.

Por eso todas las frases del principio son excusas, son excusas porque te atribuyes algo a ti mismo que no es estático, cambia cada día y se transforma… Y lo mejor de todo es que tú puedes cambiarlo y transformarlo. Una vez te das cuenta de esto, ya no puedes eludir más esta lucha, ya que asumes que tienes una responsabilidad como ser y que tu felicidad y tu avance en la vida dependen del grado de implicación y asunción en esa responsabilidad contigo mismo.

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